Existir en paralelo
Sobre quererse en pasado.
Querido diario,
Me vea a mí misma en el espejo que está en la entrada de casa de mis padres. Y hace mucho, también te veía reflejado en mi futuro, en casi todas las versiones que salían de allí.
En el piso con balcón que estaba cerca del ayuntamiento, en el sofá tipo nube que aún no podía pagar, en la lista de la compra escrita en plural.
Pero ya no te veo.
Supongo que hay personas a las que no vuelves a ver nunca más, pero sigues chocándote con ellas por todas partes.
Puede que nos volvamos a encontrar, no a cara a cara, sino en las cosas que a ambos nos gustaban. Como una promesa de que nos hemos ido, pero no del todo. Y eso es casi más poderoso que cruzarnos en un sitio terrenal.
Porque yo puedo evitar tu calle, a los que se parecen a ti, puedo dejar de ir a ese bar y bloquear tu nombre, silenciar tus stories, fingir que no existes. Pero un día sonará la canción que estaba puesta cuando entré en tu coche aquella noche (esa que hablaba de echarte de menos) y no podré hacer absolutamente nada.
Me quedaré allí reconociéndote en cada estrofa, como en las películas difíciles de explicar (que a ti gustaban pero a mi no, porque solo me gustan las pelis “malas”, según tú, aunque luego le des like a todas mis reseñas de Letterbox.) Te reconoceré de espaldas en las foodtrucks de los festivales de verano, el olor a mar y humedad que flota sobre el Fòrum cuando cae la noche.
Hay algo muy cruel en compartir referencias con alguien que ni siquiera ya sigues en redes sociales. Y es que ya no podré compartir que el otro día estaba en una fiesta y pusieron nuestra canción. Miré alrededor, no porque pensara que ibas a aparecer, sino porque mi cuerpo todavía recuerda el gesto automático de buscarte. Es como cuando escuchas tu nombre en una sala llena de gente y giras la cabeza sin pensarlo.
Y no estabas. Gracias a Dios.
(Aunque tú no confiabas mucho en él pero yo a veces tuve que tirar de la fe para no volverme loca. Y aún así me volví loca. Es curioso como intentamos evitar algo que es inevitable.)
Durante los cuatro minutos que duró esa canción coincidimos igual.
Tú, donde sea que estuvieras.
Yo, en medio de esa discoteca.
Los dos escuchando lo mismo.
Aunque… ¿qué significa escuchar lo mismo?
Porque cuando estábamos juntos escuchábamos el mismo discurso y tu sacabas unas conclusiones y yo otras.
¿Cómo está el vaso? ¿Medio lleno? ¿Medio vacío? ¿Con lágrimas? ¿Del revés? ¿Quieres al vaso? ¿Quieres Coca Cola? ¿Te estoy agobiando? Míralo, déjalo. Ábreme en unos meses cuando lo tengas algo claro.
Ni siquiera coincidíamos cuando coincidíamos.
Me hace gracia pensar que, aunque no volvamos a hablar, seguimos teniendo el mismo algoritmo. Sé que sintonizamos los mismos pensamientos y aunque eso ocurra, no nos volveremos a escribir. Pero escribiremos sobre el otro en nuestras libretas privadas, aunque juremos que ya no importa.
Nos encontraremos en sueños y hablaremos en código morse. Aunque ninguno de los dos sepa traducirlo y quizá con eso es suficiente.
Algunas historias solo necesitan existir en paralelo.
Como dos trenes que ya no comparten vía, pero sí el mismo paisaje. Y ya sabes qué ocurre cuando ambos tenemos un viaje en tren por delante: que escuchamos la misma canción de despedida.
No necesito un adiós para cerrar nada, no se puede cerrar la puerta de un casa que que nunca se construyó.
Pero basta con saber qué existimos en el mismo archivo compartido de referencias. Que hay un museo invisible donde colgamos los mismos cuadros, las mismas estatuas, los mismos manuscritos, aunque ya no vayamos juntos a las exposiciones.
Que cuando pase por la ciudad donde está el estadio de tu equipo de fútbol recordaré que una vez te mandé una foto desde allí. Y que esa imagen seguirá en tu teléfono aunque cambies de pareja, de piso o de país.
A veces pienso que la ilusión de lo que fue amor es contaminarse un poco el uno al otro para siempre.
Que ya no volvamos a encontrarnos no significa que no coincidamos.
Porque yo sé que coincidiremos.
En Spotify.
En Twitter cuando alguien haga un meme que solo nosotros entenderíamos.
En el line-up de un festival.
Porque no todas las historias necesitan ni segunda, ni tercera, ni cuarta temporada.
Algunas solo necesitan una playlist abandonada en mi Spotify con tu like puesto desde hace años.
Y eso, aunque ya no sea nuestro presente, tampoco es mentira.
Un beso,
Lara <3


Bien escrito!
Seguro que se siente aludido